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L’esdeveniment planetari

4 Juny 2009

No sé si us heu adonat del gran esdeveniment que tindrà lloc al nostre planeta molt aviat: Obama serà el líder d’Amèrica i Zapatero ho serà d’Europa. Leire Pajín ens ho recordava ahir i utilitzava més o menys les mateixes paraules. Segons aquesta “morning singer” del PSOE, el planeta viurà un fet excepcional: dos joves progressistes governaran el món, ja que el primer presidirà els Estats Units, mentre que el segon presidirà la Unió Europea.

S’ha de ser bèstia per arribar a dir una bajanada tan gran! Però la Pajín no té pels a la llengua (ni cervell al cap) i, a més, ha estat escollida per fer precisament això: encensar el seu cap i defensar el seu partit faci el que faci, digui el que digui. I alhora per criticar fins a la mort l’adversari, tingui o no tingui raó.

Però què s’ha cregut aquesta gent com la Pajín? Que som estúpids? Que no tenim ulls a la cara? Que som incapaços d’analitzar els fets que es donen a aquest món? Com és possible que aquesta mena de titella sigui el número tres del PSOE?

Em dol no sabeu com escriure això, perquè penso que un partit com el PSOE hauria de tenir al front gent que fos capaç de reflexionar en veu alta i de fer un mínim d’autocrítica. Però no sembla que sigui així. Una llàstima per al nostre país!

L'Europa que no serà

3 Juny 2009

Un amic, professor titular de dret públic a la Universitat, m’envia un correu en què fa refència al meu comentari d’abans d’ahir. Diu:

Com estudiós del Dret europeu, compateixo el seu punt de vista sobre les eleccions de diumenge. El fet de que el Parlament europeu sigui una institució que ha anat guanyant pes progressivament dins el procés decisori comunitari i que aproximadament un 70 % de la legislació interna deriva directa o indirectament de la pertinença a la Unió Europea posa de relleu la importància que tenen aquestes eleccions. Ara bé, per desgràcia, la classe política que tenim ho ignora i demostra un alt nivell de patetisme que, certament,  ens posen difícil l’exercici del dret de vot. Em permet enviar-li un article d’opinió que publica avui na Blanca Vilà Costa, Catedràtica de Dret internacional privat de la UAB sobre aquesta qüestió a El País. A mi, m’ha semblat molt encertat.
Salutacions,

Atesa la claredat de l’article que ell em recomana, també jo el recomano als meus lectors:

El segundo rapto de Europa
BLANCA VILÀ 02/06/2009

Europa, recordemos, era aquella princesa fenicia para quien Zeus se transformó en un magnífico toro blanco y la raptó. Salieron a buscarla sus hermanos, y dicen que jamás la
encontraron, fundando a lo largo de su búsqueda, con el nombre de cada uno, varias ciudades en la Tesalia y en la Tracia, en Cilicia o en Libia. Al final de su viaje, Zeus le
desveló su identidad, llegados a Creta, donde dicen que reinó.

Antonio Caracci, Tiziano, Foucher o Gustave Moreau nos la representan joven y bella, diciendo ingenuamente adiós a su tierra nativa, más al Oriente. Pues bien: la Europa de este siglo XXI, entendida como unidad de densidad económica, política e instrumental, y dotada de una determinada cohesión social con referente en el Estado de bienestar, vuelve a verse secuestrada. ¿Quién es su raptor, quiénes son sus raptores? Nada más y nada menos que sus propios padres e hijos, los Estados “soberanos” europeos -los de antes y los de después- con sus continuos ataques de celos, que les llevan a ocultar, mentir, tapar, contaminar y culpar. No quieren que reine en Creta, no quieren que se vea su cara, no hacen nada por curar sus heridas ni por aliviar los grandes catarros producidos por un viaje tan largo. Un viaje entre nubes y tormentas, aunque alumbrado por esa esencial luz mediterránea.

Los Estados soberanos, y concretamente, los partidos políticos que los vertebran, no van a permitir que Europa les robe sus faustos en la era de la comunicación. También han de ser “repensados” en su función actual y futura. Tapan lo que hay, dicen lo que no hay, culpan “a Bruselas” (el bueno soy yo; el malo es el otro, ese que precisamente soy yo mismo: o sea, nuestros ministros en el Consejo de Ministros, que se reúne en sus distin-tas formaciones más de 300 sesiones anuales, porque la omnipresente Comisión dispone de escaso poder de decisión). Contaminan con pactos entre partidos nacionales, o con hábitos y excesos institucionales -fruto tantas veces del reflejo de los estatales-, al pro-pio Parlamento Europeo, la autoridad colegisladora elegida directa y democráticamente desde 1979, de la que a fin de cuentas depende la adopción del 70% de la legislación que nos es aplicable, razón ineludible para participar en la elección de sus miembros.

Los Gobiernos de esos Estados celosos, en ésta su faceta perversa, ocultan la cara de Europa, su posible belleza y juventud, para que no pueda -como mujer poderosa y ca-rismática- presidirnos a todos, grandes y pequeños, necesitados de esas decisiones de-terminantes sobre nuestro futuro global cuya adopción por separado es simplemente imposible y en cualquier caso inútil. La llegada del Tratado de Lisboa -texto minimalista y seguramente eufemístico, pero absolutamente real- va a permitirnos cuando menos ver los ojos de Europa -aunque no su cara- posibilitando una Presidencia, un nombre y una voz común en el exterior.

Y es que -obligada y responsablemente- hay muchas preguntas que hacerse. La primera puede ser ésta: ¿qué sería de nosotros, los de a pie, sin Europa, y en el caso de España,
sin la vigilancia europea? Ni caminos, carreteras, puentes o barcos, ni nuestro maravi-lloso y excelente aceite de oliva, ni la seguridad de nuestros productos, ni la movilidad de nuestros estudiantes, ni la competitividad de nuestras empresas. Además, como en su día nos dijo el buen amigo Paolo Checchini, y aunque parezca hoy un argumento de una cierta superficialidad, ¿nos hemos preguntado cuál puede ser el coste de la no-Europa, un imposible volver atrás en ese modelo inacabado que finalmente los Estados pretenden mantener bajo la disciplina de sus propios calendarios electorales y a falta de un discurso europeo real?

La segunda pregunta sería ésta: ¿no será que acaso Europa llega tarde al mundo global? Si escucho a mi amiga canadiense o al colega sudafricano ocurre más bien al contrario: el mundo necesita del laboratorio europeo, de ese modelo europeo de convivencia, acompañado si es posible de un liderazgo europeo hoy ausente, para sobrellevar con
esperanza su propio y mejorable destino.

Y la tercera pregunta está en boca de casi todos: ¿por qué tira tan poco lo europeo en esta década inicial del siglo XXI, tras modernidades y posmodernidades hoy ya anti-guas, convencidos como estamos de nuestras sociedades líquidas?
En mi opinión, a Europa le falta épica -la que sí tienen unos juegos olímpicos o una final de la Champions League-, algo tan antiguo como el mismo ser humano (que necesita de himnos, colores o símbolos) como consustancial en nuestra sociedad de la era audiovisual, basada en imágenes, cifras de audiencia y estímulos hiperactivos.

Porque la cultura del acuerdo, del consenso, de la mediación, de la negociación, no arrastra a las masas con la misma fuerza con que lo hace la cultura del conflicto, y es injusto que el esfuerzo y la tensión -sin la cual una sociedad no avanza- no hallen gran audiencia en estos tiempos. Por otra parte, lo excesivamente “normalizado” no vende: uno se habitúa a ello y decae el interés, como ocurre con la información mediática
pautada de las innumerables reuniones políticas.

Pero ¿por qué falta esa épica? No porque no la tenga, sino porque lo que hay que cambiar es la mirada sobre Europa y, dejándonos de ombliguismos, poner encima de la mesa su acción global y no sólo aquella puramente política. Europa y su factor humano, o en otras palabras, la acción de Europa no en sí misma sino en el contexto mundial.

Ahí va el mensaje a los medios de comunicación, los segundos raptores de Europa. Sí tendría su épica si cambiáramos nuestra mirada sobre ella y pasáramos a la acción. Así como el inefable Woody Allen enfoca y desenfoca (Deconstructing Harry, 1997) su realidad, con su cámara veríamos la Europa densa de las personas y sus preocupaciones, la Europa que sí está, la de la corta distancia, la Europa de la cultura en su más amplio sentido, la Europa del conocimiento, la Europa divertida y saludable, ese laboratorio humano que controlaría al puro artífice político.

No se conoce, y sí tiene esa bella épica, el hecho de que Europa es, de lejos, la primera donante mundial en ayuda humanitaria; que dispone además de una construcción jurídi-ca poco conocida aquí y envidiada fuera (Eric Hobsbawn dixit), la Europa trabajosa en mediaciones, activa en cooperación al desarrollo, con una solidaridad enorme en sus sistemas sanitarios (véase Sicko, el último documental de Michael Moore, 2008) y unos sistemas de educación universales, sumamente creativa y hasta austera cuando quiere.

Así sabríamos que Europa, aunque enormemente compleja, no siempre es complicada. Que Europa somos todos nosotros, sociedad civil emergente, que ahora mismo tenemos que votar un Parlamento Europeo capaz de consagrar un posible líder y de, en otro paso más, hacer que entre en vigor el Tratado de Lisboa para, llegado un momento no lejano, adaptar las estructuras a las decisiones y hacer de aquél una institución auténticamente constituyente. Así destaparemos el velo que aún cubre la cara de Europa y reinará en Creta. Nada más ni nada menos.

La dificultat de votar el proper dia 7

2 Juny 2009

Sento una mena de vergonya gens dissimulable en observar aquesta campanya electoral que no m’interessa gens quan sé que el Parlament europeu és una institució decisiva per al nostre futur i per al futur d’Europa. Per què, doncs, estic tan desconnectat de tot el que fan els polítics aquests dies? La resposta és que hi estic per necessitat, per prevenció sanitària, perquè escoltar les bestieses, els insults i les opinions fora de lloc, em destrempen i em deixarien de mal humor. De fet és una campanya pensada per fer-se un lloc en el món (això el PP) o per conservar-lo (això el PSOE). Val a dir, doncs, que tant a l’un com a l’altre els importa un borrall el debat sobre Europa, el que realment els importa és conservar o obtenir l’hegemonia política dins l’estat espanyol.

Això fa molt difícil el vot, perquè, a qui s’ha de votar en aquestes circumstàncies? L’únic que tinc clar és que no es pot votar a cap dels dos grans partits, a causa del seu desinterès real per a Europa, i també perquè la idea d’Europa que tenen i que, si s’escau, defensaran, és una idea que en cap moment desborda la filosofia preeminent dels estats que en formen part. És la que té Sarkozy, i la que té Gordon Brown, i la que té segurament Berlusconi, suposant que les jovenetes li deixin algun moment per pensar en alguna cosa més transcendent.

La idea d’Europa que venia tímidament apuntada a la Constitució fallida no és la que predomina avui en els grans partits estatals. Aquests posen èmfasi primerament en l’estat i després en Europa, i així mai no s’arribarà a enlloc.

Si tinc en compte que jo no puc compartir ideològicament el programa d’Esquerra Unida, ni tampoc el de la coalició que capitaneja Esquerra Republicana, aleshores em queda només la opció de Convergència i del PNV, a la qual, però, hi ha partits que m’agraden tan poc com Unió Mallorquina. Comprendreu aleshores com se’m fa de difícil votar el proper dia 7.

Haureu vist que no he dit res del partit de Rosa Díez. Aquest prefereixo no esmentar-lo. La demagògia i el jacobinisme que respira el fan absolutament perillós per al futur democràtic i plural del nostre país. Al costat seu, PSOE i PP són una meravella.

Contra la banalització

18 Mai 2009

El Partit Popular (en aquells temps Aliança Popular) es va abstenir a l’hora d’aprovar la Constitució de 1978, i ara es presenta com el seu principal garant. Aquet mateix partit s’oposà a la llei de l’avortament, aprovada fa vint-i-cinc anys, la qual va impugnar davant el Tribunal Constitucional, i avui l’accepta sense protestar, però amenaça que durà la seva reforma novament al Tribunal Constitucional i, a més, demana als joves que duguin a terme una “rebel·lió moral” contra Zapatero.

Són creïbles aquesta gent? No sols no ho són, ans penso que han adoptat una actitud hipòcrita, interessada i profundament demagògica, encara que diguin algunes coses amb les quals jo hi puc estar d’acord.

Dit això, penso que la política de Zapatero respecte de la píndola del dia després i de l’avortament és també demagògica (en el sentit contrari, és clar), i, com em deia fa uns dies una persona molt propera, ha tendit a banalitzar i frivolitzar respecte d’una matèria que exigeix qualsevol cosa menys un tractament banal.

A les Balears, ningú no quedava sense obtenir una píndola del dia després, perquè els centres de salut la subministraven (crec que) gratuïtament. Però, com a mínim, rere la decisió de prendre-la hi havia un control metge. I això és molt important, perquè, segons em diuen els qui hi entenen, aquest medicament (perquè és un medicament, no ho oblidem) no és un anticonceptiu ordinari, sinó excepcional, i d’aquesta manera és molt probable que s’utilitzi com l’anticonceptiu per excel·lència, i que es faci sense cap control metge. I això no és convenient.

Pel que fa a l’avortament, he de dir que jo estic a favor de la despenalització de la dona que avorta, però hauríem d’anar molt alerta a no banalitzar el fet, veient-lo només com un dret de la dona que decideix avortar, perquè cada avortament és un fracàs humà, implica la interrupció d’un projecte ja iniciat de vida i, a més, pot tenir conseqüències no recomanables per la dona que avorta.

Però si l’ampliació de la llei és probablement una decisió que evitarà el frau que avui es dóna amb la norma vigent, dubto que sigui un encert el reconeixement del dret d’avortar a les joves de 16 anys(que no estiguin legalment emancipades) sens cap mena d’autorització (ja sigui dels pares o, si és que aquests s’hi oposessin injustificadament, d’un consell de metges o d’un altres tipus d’ens que en aquest moment no sé com s’hauria de formar, però que sí que hi hauria de ser). I no només dubto que sigui un encert, sinó que també em sembla una perillosa frivolitat que s’emmarca en aquest esquema de banalització tan propi de tota la política de Zapatero. Vaja! Que si, com diu el Codi civil (art. 154) “los hijos no emancipados están bajo la potestad de los padres”, potestat que l’exerciran “de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica”, i tenim en compte que aquesta potestat  implica “1. Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral.” I “2. Representarlos y administrar sus bienes”, aleshores, he de dir que trobo, no només una frivolitat i una banalització inacceptable, fer veure que és progressista i, a més, un avanç en els drets de la dona permetre que les joves menors d’edat no emancipades puguin avortar sense cap mena de control dels pares o, si n’és el cas, d’una altra institució que, com he dit, es podria arbitrar per a aquells supòsits –rars però no impossibles- en què els pares fossin uns irresponsables.

Em felicito, doncs, que, entre els socialistes, hi hagi algú com Leopoldo Barrera, president de Castella-La Manxa que estigui en contra d’aquesta decisió frívola i irresponsable. En veient la política d’aquest home, penso que és Zapatero i no Suárez el qui mereixeria que Alfonso Guerra el titllés de “Tahúr del Mississipí”.

De Lope a l’Ateneu. Una opinió sobre els nacionalismes

16 Mai 2009

Ahir vaig anar a la primera de les sessions que, sobre literatura, ha organitzat l’Ateneu de Maó. El convidat era l’escriptor burgalès Manuel de Lope, que jo coneixia de nom i per algunes referències a les pàgines literàries d’El Pais, però de qui no havia llegit res.

La sessió va ser esplèndida perquè el moderador, Pere J. Bosch, s’havia preparat bé la matèria i, a partir de l’obra de l’escriptor, va encetar amb ell un diàleg que va ser d’allò més gratificant. L’autor improvisava a partir de les preguntes de Bosch i, lentament, va anar desgranant la seva concepció de literatura, la seva manera de pensar les novel·les, de definir els personatges, de cercar la tensió entre ells, i tot allò que s’ha de menester per a construir una obra de ficció.

De Lope parlava clar i molt ordenadament, i em sembla que, com ell mateix va dir, la seva prosa deu ser d’allò més precís, amb frases rodones i concises, netes, com tallades amb un escalpel.

Atès que de Lope havia viscut molts anys a l’exili francès (de Lope va fugir de l’Espanya franquista l’any 1968, als vint anys, quan va veure que el Tribunal d’Ordre Públic el condemnaria a uns anys de presó), gairebé fora d’horari, Bosch li va demanar que li semblava aquesta fragilitat que sembla que presenta Espanya com a estat únic i indivisible (no oblideu que sortíem de la gran pitada a l’himne que havia tingut lloc a València, a la final de Copa). De Lope va dir que aquest procés –d’altra banda innegable- ha aparegut amb la democràcia, o el que és el mateix, es tracta d’un fenomen desconegut anteriorment. I per explicar aquesta teoria es va referir a la seva experiència a l’exili francès on els actes dels exiliats de la guerra sempre acabaven amb un crit de Viva Espanya! I es va referir a personatges com Frederica Montseny, com la Passionària o com Carrillo, que ell havia conegut.

No diré que això no sigui veritat, però em sembla que l’exemple no és prou vàlid per dir que el fenomen segregacionista era desconegut abans del 1978. D’entrada, de Lope parlava dels exiliats de la Guerra Civil, i per tant, de persones ja molt majors, que ho havien hagut de fugir degut a la derrota i que, per força, havien de sentir una gran enyorança del paradís perdut. No és doncs estrany que Espanya els provoqués una gran nostàlgia. A més, els personatges que va citar no podien representar mai del món una idea nacionalista o segregacionista: Montseny era àcrata i no tenia altra pàtria que el proletarisme internacional. I Carrillo i la Passionària eren comunistes, d’una formació jacobina avant la lettre. No eren, doncs, personatges a partir dels quals es pugui negar l’existència de moviments segregadors durant el temps de la República.

De tota manera jo estic bastant d’acord que aquests moviments segregadors han agafat molta força precisament amb la democràcia. I això perquè, amb la Constitució del 1978, i amb els anys que hem viscut de pau, de bonança econòmica i d’absoluta llibertat en un sistema polític que ha afavorit la descentralització política, és molt explicable que aquests sentiments emergissin. Encara més, són precisament aquests els factors que han afavorit que molts ciutadans (ens agradi o no) profunditzessin en “lo nostro”, entenent com a nostre allò que ens era més proper i, per damunt de tot, allò que ens podia donar més autonomia i, en definitiva, més poder.

En un sistema jacobí com el francès, els “barons” dels partits no són regionals, són nacionals i nacionalistes francesos (deixem el cas a part de Còrsega), mentre que a Espanya, a conseqüència del sistema autonòmic fixat a la Constitució i a la política seguida per la UCD i el PSOE del café para todos (que adoptaren simplement per anul·lar els sentiments nacionalistes del catalans i dels bascos, únics territoris on aquest sentiment estava arrelat), a conseqüència, dic, d’aquesta política, es van destapar, sense voler-ho, sentiments autonomistes o descentralitzadors en una infinitat de regions on mai no hi havia hagut cap brot de nacionalisme. Entre altres coses, perquè la política descentralitzadora crea nuclis de poder. Per això, a Espanya, les baronies dels partits no són “nacionals d’Espanya”, sinó que s’han encastellat en els territoris (fins i tot en el PP!). I això ha ajudat a crear, ens agradi o no, un sentiment disgregatiu que no sé fins on pot arribar ni quines conseqüències acabarà tenint en la futura estructuració política de l’estat.

Baltasar Porcel a Menorca

8 Mai 2009

Porcel, designat escriptor de l’any pel govern de les Illes Balears, ha estat uns dies a Menorca i m’han demanat que el presentés, cosa que he fet amb molt de gust. En aquest sentit, voldria començar dient que, tot i la dificultat de fer afirmacions com la que us vaig a fer ara, us he de dir que, després de Josep Pla, només Baltasar Porcel ha construït una obra literària tan plena, tan extensa i tan universal en llengua catalana. La seva demolidora passió literària, la identificació que fa de la vida amb la literatura fins al punt de convertir en escriptura qualsevol experiència quotidiana, es donen en Porcel més que en cap altre dels nostres escriptors vius. D’altra banda, Porcel no és un home de gabinet, ans té un olfacte que, com pocs, detecta els moviments més irrellevants de l’actualitat, que exposa i tracta amb una singularitat imaginativa i provocadora.

Vaig conèixer Porcel quan era director de Destino. Fou dins el mes d’agost de 1975 quan, empès per les ganes de publicar alguna cosa en aquella revista, hi vaig enviar una crònica intitulada “Menorca: Iglesia y sociedad”. L’article, però, no es va publicar. Tanmateix, a meitats de gener del 1976, quan ja no esperava cap resposta de la revista, vaig rebre una carta de Baltasar Porcel –a qui aleshores no coneixia personalment- que, entre altres coses, em deia: “Tinc al meu davant la seva carta d’agost… De fet, vàrem estar a punt de publicar el seu article sobre aquesta qüestió religiosa-militar. Ja el teníem fins i tot compost, però els temps eren dolents aleshores i, de problemes amb l’Administració, en teníem molts.” I afegia: “D’altra banda, és probable que ens pugui interessar la seva col·laboració per a parlar de Menorca. Hauria de ser un article per mes, de dos folis –30 línies de 70 espais- i acompanyat d’una fotografia. De temes, de ser possible, ens interessa que siguin polítics, socials, culturals etc. Qualsevol problema que tingui, ens pot trucar a la revista pels matins.”

Aquella invitació va ser per a mi una gran alegria. Porcel m’oferia la possibilitat d’incorporar-me com a col·laborador a la revista que més admirava, aquella que, com ja ho havia aconseguit “Mirador” dins la Catalunya de la primera meitat del segle XX, tractava les qüestions que a mi –i a una gran part de la gent com jo- interessaven. I les meves col·laboracions a “Destino” es van iniciar amb un article intitulat “Menorca política” publicat el mes d’abril de 1976.

Però no he de parlar de mi sinó de Porcel, la vida literària del qual pren volada quan s’instal·la a Barcelona en els anys seixantes –diguem, però, que ja el 1958 havia guanyat el Ciutat de Palma amb “Els condemnats”- i, es consolida quan, l’any 1970, guanya el Premi Pla amb “Difunts sota els ametllers en flor”. Autor d’una obra densa i amplíssima, Porcel s’havia iniciat en la literatura amb un seguit de novel·les i de peces teatrals, que compaginava amb un ingent treball periodístic. Les primeres novel·les i peces de teatre, fetes a partir de models intimistes i melodramàtics o del teatre de l’absurd, són –segons ha escrit Joaquim Molas- fruit de l’estat de rebel·lia, de desconcert dels anys mallorquins. És el cas de “Solnegre” (1961), o “Els escorpins”. O “La Lluna i el Cala Llamp” (1963) i “Els Argonautes” (1968).

Però si una cosa distingeix la literatura de Porcel és que sempre perseguirà la recerca i el testimoni del seu país, especialment la de la seva Mallorca natal, testimoni que, amb “Cavalls cap a la fosca” (1975), reprendrà el procés d’interiorització iniciat amb “Solnegre”, i l’aprofundirà fabulant sobre les arrels familiars i l’ampliarà amb nous ingredients aventurers i, sobretot, històrics. Aquesta aventura culminarà amb “Els dies immortals”.

Però més que seguir exposant el seu immens llistat d’obres, potser el que val la pena dir de Porcel és que cada obra seva, cada creació, és un text que té força i vida per ell mateix. Molas ens diu que la unitat de la seva obra procedeix del fet de plantejar cada novel·la com un fet vàlid per ell mateix, i no com una simple resposta a les exigències de l’actualitat. O com un joc argumental més o menys sofisticat. Dit d’una altra manera: un text que, sense renunciar a cap de les virtuts de gènere, dicta les seves pròpies lleis i les imposa amb rotunditat.

En un article publicat a Destino el 1971, Porcel deia de “Cavalls cap a la fosca”: “El libro, cada vez más, me importa poco a nivel consciente, de planteamiento previo. De hecho, lo que hago es empecinarme, y a ratos con crispación, intentando formular narrativamente las imágenes, las atmósferas, las sensaciones, que pululan amalgamadas en mi inconsciente, que constituyen el poroso substrato existencial que permanece más allá de los días y los deseos. El magma, en definitiva, que puede llegar a contener el peso y la medida de lo que esencialmente somos. La novela, pues, está ya ahí, desde el instante en que nos acucian sus primeros ramalazos.”

Amb la sana enveja que pot sentit tot escriptor menor respecte del mestre, vull destacar que Porcel és autor d’un dels darrers grans mites literaris de la postguerra. De fet, forma part d’un grup excepcional de narradors que, apartats per raons polítiques del seu cos social, busquen en la memòria la salvació personal. O col·lectiva. I que, gràcies a teixir i desteixir de la memòria, reelaboren míticament la realitat. O, almenys, la “seva” realitat. I si Josep Pla es refugiava a Palafrugell, Villalonga ho feia a Bearn, Espriu a Sinera i Rodoreda ho feia a la Barcelona crescuda entre les flors de dues exposicions, Porcel ho farà a Mallorca. Però no només a Mallorca, perquè també Catalunya serà un subjecte clau de la seva narrativa.

Tots els escriptors que acabo de citar, bons lectors de Proust, coincideixen en dos punts, que remarca Molas: la idea de resistir l’acció devastadora del temps i, doncs, de recuperar a través de la literatura un passat convertit en paradís perdut, que identifiquen, per una banda, amb els anys de jovenesa i, per l’altra, amb una època plena d’ideals de progrés i llibertat. I dos: l’articulació d’un discurs substancialment poètic, encara que tots ells difereixen en els objectius.

La reelaboració del mite de què parlava ha continuat tots aquests anys, durant els quals ha publicat una sèrie de novel·les de les que voldria destacar “Ulisses a alta mar” (1997), on el periodista Lluís Arrom vendrà la seva ànima dins l’espai moral i físic de Barcelona, la ciutat omnipotent on es concentren l’essència del poder, el periodisme i els negocis. I, en el rerefons d’aquest món frenètic, l’espai idíl·lic mallorquí. Tot plegat, en definitiva, sota la poderosa estirada del vell i sempre nou mite mediterrani: un mar sempre present en la narrativa de l’escriptor. I no ho dic tan sols per aquell gran assaig, intitulat precisament “Mediterrani” (1996), sinó també per aquesta joia que es titula “El cor del senglar” (2000), una obra que representa el retorn a uns orígens geogràfics i col·lectius mai no abandonats, on s’alternen un passat relativament pròxim i la més viva presència de la realitat contemporània. També, en aquest cas sota l’ombra fantàstica i fantasmal d’un oncle literari, Baltasar Guillem de les Cases Velles, apareix un paisatge atàvic per on desfilen personatges turmentats per les passions o abassegats per la difícil tasca de viure. Novel·la, doncs, on, al costat de personatges ficticis, en trobem també de reals, com Joan March o Llorenç Villalonga, i de la que recordo una escena en què en Verga convenç amb les “seves” poderoses raons dos membres de la guàrdia civil que és inoblidable.

I la Mediterrània també serà present a “L’Emperador o L’ull al vent”, situada aquet cop a l’illa de Cabrera, una novel·la que gira entorn dels milers de presoners napoleònics que hi foren reclosos. I ho serà igualment a “Olímpia a mitjanit”, un text on Porcel fa una crítica despietada del món dels negocis i dels mecanismes destructius que genera la societat actual.

Finalment he de dir (òbviament no puc parlar de tot) que, en aquesta obra global i total que és la de Porcel, el que sorprèn especialment és la força del llenguatge. Per a mi, la literatura consisteix en un equilibri entre la grandesa de la imaginació i la força del llenguatge. I si la imaginació de Porcel és desbordant, cada frase és com una martellada. Dura, pròpia, irrepetible i capaç de despertar la més voraç imaginació. Ha estat, doncs, un plaer tenir en Baltasar entre nosaltres.

El laberint basc

6 Mai 2009

Em calia parlar avui de les eleccions al País Basc, i quan pensava en el que havia de dir, tenia la impressió que, digués el que digués, la meva posició seria fàcil de rebatre. I fins ho seria per mi mateix, perquè si alguna cosa resulta francament complexa i difícil en política és parlar del País Basc.

D’entrada recordaré que, l’endemà de les eleccions, vaig dir que allò que, al meu entendre, reclamava el resultat electoral era un govern de coalició entre els nacionalistes i els socialistes, com va succeir fa trenta anys. Em semblava que aquesta era l’única manera possible d’intentar superar aquesta dicotomia terrible entre els qui creuen que només són bons bascos els nacionalistes (i per tant, només ells estan legitimats per governar –filosofia clarament explicitada per Ibarretxe en el discurs d’ahir) i els qui opinen que només mereixen el qualificatiu bons bascos els qui, alhora, se senten també bons espanyols (discurs que ha explicitat durant tota la campanya Basagoiti i –per damunt de tot- Rosa Díez).

He de reconèixer, però, que quan els socialistes del PSE, fa trenta anys, van intentar dur a terme aquesta política conciliadora de què acabo de parlar, i van donar el poder al PNV tot i que ells l’havien avançat en vots i en diputats, no sols no va obtenir d’aquell sacrifici els resultats que esperaven, sinó que donaren ales als nacionalistes per a governar trenta anys més, mentre ells es ficaven dins un pou del qual els ha estat impossible sortir encara. I dic que els ha estat impossible sortir perquè, de fet, no n’han sortitper ells mateixos, sinó gràcies als vots del PP, és a dir, gràcies als vots d’un partit que defensa un nacionalisme espanyol gairebé tan radical com radical és també el nacionalisme basc del PNV.

Comprenc, doncs, que Patxi López hagi intentat de cercar una solució (o potser, més modestament, hauríem de dir d’encetar un camí) diferent del que va propiciar Ramon Jáuregui fa trenta anys.

D’entrada, aquest nou camí ens ha demostrat dues coses: a) que la filosofia nacionalista del PNV és radicalment perversa, perquè no podem acceptar que Ibarretxe acusi el nou govern de voler “destruir l’esperit nacional basc”, esperit del qual només ell i els seus en tindrien només el monopoli, i b) que aquest nou govern en minoria, que només es pot mantenir viu amb el suport del PP, difícilment podrà resoldre aquest enigma tan mal d’entendre, però real, que coneixem com “el problema basc”.

Als qui no som bascos (i no som tampoc nacionalistes) se’ns fa molt difícil d’entendre que hi hagi un sector quantitativament important de gent que no sigui capaç de desmarcar-se dels violents (Aralar ho ha fet) i de defensar les seves idees sobiranistes de manera democràtica. Però si els qui no som bascos (i no som tampoc nacionalistes) som, però, o volem ésser, inequívocament demòcrates, haurem de dir que també ens costa d’acceptar un sistema que –reconec que amb motes raons- margina del sistema un sector important, qualitativament i quantitativament, de ciutadans amb una llei –”la Ley de Partidos”- que ha fet fora del parlament i dels ajuntaments bascs una sèrie de partits, amb els quals estic radicalment en desacord, però que no són virtuals sinó reals, i que en no poder tenir representativitat, falsegen la democràcia.

Així doncs, Patxi López hauria de saber que ha arribat a la lendakaritza, no només amb el suport indispensable del PP, sinó també gràcies a haver marginat del sistema els votants de Batasuna i del Partit de les Terres Basques, partits que són per a mi abominables, però darrere dels quals hi ha també ciutadans com jo.

Per això dic que la situació de López em sembla francament dèbil, i també difícil. Però no seré jo qui el deslegitimi, ni tampoc el qui posi pals a les rodes del seu govern, èrquè, com haurà vist el lector que hagi arribat al final d’aquesta columna, he de reconèixer que, tot i que he parlat del País Basc, no em considero capacitat (ni gairebé legitimat) per fer-ho. Per tant, amic lector, li recomano que oblidi el que acaba de llegir i en faci cas.

La victòria de Correa a l'Equador

28 Abril 2009

Alguns lectors d’aquest blog em recriminen que últimament hi escrigui poc. Tenen raó, però no sempre és possible fer allò que a hom li agradaria, i aquest n’és el cas. Un excés de compromisos (i no precisament socials) m’obliguen a tancar una sèrie de treballs que tenen prioritat en el meu esquema de vida i això fa que relegui aquest quadern a un segon pla.

Avui, però, duré aquí un article que m’ha enviat des de l’Equador Antoni Carreras. Ell viu allà i segueix de prop –no podria ser d’altra manera- els esdeveniments polítics d’aquell país que, durant els darrers anys, venen marcats per l’aparició de la figura política del president Rafael Correa, que acaba de ser reelegit per majoria absoluta en primera votació.

Tot i que jo coneixia la seva formació, l’èxit electoral de Correa, així com algun dels seus comportaments, em van preocupar. Vaig témer molt que estiguéssim davant d’un nou líder populista que arrambés amb les institucions democràtiques del país (per cert, ¿era democràtic el sistema abans de Correa? Eren democràtics els partits i les oligarquies que ell contribuí a enfonsar?). He de dir que la meva por (i, en general, la por d’Occident) davant el futur polític de l’Equador no s’ha eclipsat del tot, però és clar que no podem jutjar Correa sense tenir en compte la “realitat” política, social i econòmica d’aquell país.

És probable, doncs, que no sigui encertada una visió “objectiva” feta des d’Occident si d’alguna manera no aprofundim en el perquè de tot plegat.

Dic això perquè des d’aquí hem pogut llegir articles molt crítics que potser no estiguin del tor encertats. Jo, en aquest punt, em considero una mica fora de joc i sense una opinió prou formada. Per això m’ha semblat molt interessant l’article que m’ha fet conèixer Antoni Carreras i que jo us transcric seguidament perquè el llegiu. L’autor no és un panegirista de Correa i tampoc bescanta els problemes que el seu lideratge fort pot provocar, però també explica el perquè de l’èxit d’aquest polític i el fracàs dels polítics que formaven part d’un sistema periclitat.

L’autor, que és un europeu com Carreras que viu ara a l’Equador (ho dedueixo pel que escriu) intenta, doncs, arribar una mica a l’arrel del problema. Tindrà o no raó, però el seu posicionament és, em sembla, profund i honest. Val la pena de tenir-lo en compte.


Un lider fuerte

Correa y el futuro político de Ecuador

Joseba Segura (27-04-09)

Elecciones sin sorpresa

Parece que hay Correa para rato. Tal y como estaba previsto ha ganado en primera vuelta las elecciones presidenciales del 26 de abril que inauguran un nuevo periodo de la historia ecuatoriana, iniciado con la aprobación de la Constitución de septiembre del 2008. El resultado estaba tan cantado que me he atrevido a escribir la primera frase de este artículo días antes de la cita electoral. La confirmación en las urnas de lo que ya esperábamos consolida la impresión de que Ecuador cuenta con un líder sólido, tras una larga racha de responsables políticos débiles, inconsistentes y de corta proyección.

La nueva Constitución le permitirá volver a presentarse dentro de 4 años para un segundo y último término. Si fuera reelegido, gobernaría de manera ininterrumpida durante 8 años que, unidos a los dos y medio transcurridos desde su primer triunfo, completarían una década de presidencia continuada, algo inédito en la historia del país.

La fortaleza de este Presidente, ¿es buena para Ecuador? Depende de a quién se le pregunte. Hace unos días leía en “El Comercio”, el principal periódico quiteño, a un desesperado comentarista político quejándose amargamente porque, según él, unas elecciones en las que se conoce de antemano al ganador, no son democráticas. En su opinión, Correa iba a lograr un nuevo triunfo porque controla el aparato del Estado y lo pone al servicio de su campaña electoral. Algo de esto puede estar sucediendo pero lo que llama la atención a un observador externo no es un monopolio informativo progubernamental sino más bien lo contrario: el Presidente sigue manteniendo altos índices de popularidad a pesar de tener en contra a la mayoría de los medios de comunicación, a la televisión y a la prensa del país. En Ecuador el “cuarto poder”, por más que lo intenta, no logra pinchar el globo de una “revolución ciudadana” que, a pesar de sus errores y debilidades, sigue contando con el apoyo mayoritario del pueblo.

¿Marketing brillante o bien ganado respaldo popular?

Aunque los medios de comunicación privados estén haciéndole la contra, la aceptación popular de Correa es en parte el resultado de su gran capacidad como comunicador y de una brillante estrategia de marketing político. Cuando algunos hablan de “gobierno en campaña permanente”, no solo se refieren a la concentración de citas electorales que está viviendo el país en los últimos 30 meses, sino a un modo característico y sostenido de presencia pública de Correa y su movimiento Alianza País en el ámbito público: la unidad de la tropa y la tensión del proceso de transformaciones se mantienen y refuerzan mediante una permanente campaña de mensajes patrióticos y de denuncias de distintos “enemigos”: partidocracia, prensa, bancos … El instrumento más importante de esta estrategia es la alocución radial semanal en la que el Presidente habla directamente al pueblo, explicando temas, identificando resistencias y culpables, estableciendo prioridades en el camino. Complementariamente los asesores de imagen del gobierno hacen un uso inteligente de mensajes publicitarios con slogans eficaces que, reiteradamente repetidos, acaban siendo asumidos en la calle. Estos mensajes, a veces de denuncia, a veces patrióticos (“la patria ya es de todos”), recogen y expresan aspiraciones de amplios sectores populares para los cuales el estilo a menudo confrontacional de Correa, lejos de ser un problema, constituye la sal de un proceso de cambio político que hace tan solo 3 años parecía imposible.

Pero la consolidación de la figura de Correa no es solo el resultado de una brillante estrategia de marketing. Para entender lo que está pasando es necesario hacer referencia a lo que había sucedido en el país la década anterior a su llegada al poder. Cuando en enero de 2006 aterricé en Quito, me llamó poderosamente la atención el alto grado de escepticismo político que se expresaba en las conversaciones cotidianas (“no hay nada que hacer”; “esto no tiene remedio”; “la corrupción domina y va a seguir dominando el país”). Este escepticismo era tal que llevaba a la gente a valorar al Congreso, la sede del poder legislativo, como la institución más aborrecida en el país. Los que allí se sentaban, los partidos políticos, no tenían ninguna credibilidad entre el pueblo.

La gente se sentía completamente abandonada por un Estado disfuncional que en lugar de promover la cohesión social, era percibido como cueva de ladrones y escenario del esperpento cotidiano. Al parecer todavía muchos políticos creían que el votante ecuatoriano era tonto o podía ser comprado con una camiseta o unos cuantos dólares. Convencidos de que podían perseguir sus fines sectarios con desvergüenza y sin coste político, los distintos grupos escenificaban conflictos y argumentos a menudo absurdos, dando la puntilla a una imagen ya muy debilitada.

Y en eso llegó Correa. Apareció con una propuesta sorprendente: presentar su candidatura presidencial sin respaldo político de partido alguno y sin llevar lista para el congreso. La apuesta era arriesgada pero el rechazo a “la partidocracia,” por utilizar una expresión común en la retórica presidencial, estaba tan arraigado en los votantes que sucedió lo improbable: de la noche a la mañana, una persona joven y poco conocida, sin apoyos en los sectores políticos tradicionales, logró convertirse en Presidente de la República y en la referencia política más importante del país. El resto ya es historia: el sistema ecuatoriano que otorga importantes poderes al Presidente, unido a la generalizada deslegitimación de las instituciones políticas, permitió a Correa poner en marcha un proceso constitucional y de transformación que, a juzgar por los resultados electorales del 26 de abril, tiene todavía considerable recorrido.

Vuelve el Estado Fuerte

En este camino, el apoyo más sólido al cambio propuesto se lo ha prestado a Correa una clase media urbana muy castigada desde la crisis bancaria de 1998 que, entre otras cosas, generó un éxodo migratorio masivo, especialmente hacia España. El proyecto del Presidente renueva la confianza de estos grupos en un Estado que quiere volver a ser “Estado fuerte”. Se produce así la inversión de una tendencia de varias décadas, calificada por Correa como la “larga noche neoliberal,” en la que el Estado ecuatoriano había abdicado de sus responsabilidades sociales, hasta perder toda credibilidad en la consideración popular. El aumento del gasto público y la expansión de las responsabilidades del Estado generan oportunidades de participación e incluso de trabajo en un sector público que ve ampliada su importancia social y su peso económico en la vida nacional.

Junto a estos sectores de clase media urbana, el movimiento Alianza País también ha ido logrando un considerable apoyo entre las clases populares. En este caso, el respaldo tiene un carácter menos ideológico y es más dependiente de las ayudas económicas que el gobierno ha incrementado significativamente en los últimos 2 años: el “bono solidario” (asignación económica mensual a familias de escasos ingresos), las facilidades para acceder a la propiedad de una vivienda, mejoras en el acceso a la salud y la educación, la muy importante y sostenida subvención en el precio del gas, carburantes y tarifas eléctricas, todos estos factores han contribuido a mantener e incluso mejorar el poder adquisitivo de millones de ecuatorianos acostumbrados a subsistir en economías de supervivencia.

La vuelta del Estado fuerte, como en otros lugares de Latinoamérica, llega en Ecuador de la mano de un líder fuerte. Algunos califican esta tendencia de “vuelta al populismo” una expresión que, en mi opinión y sobre todo a oídos europeos, pretende explicar mucho más de lo que puede y, por ello, confunde tanto como lo que aclara.

Revolución “controlada”

Correa predica y practica un proyecto de “revolución controlada”. Ecuador no está viviendo, como algunos lo presentan en España, una transformación económica y política sectaria, radical y fuertemente ideologizada. Aunque los cambios son significativos, en el nuevo régimen (que así lo llaman por aquí) domina una preocupación económica más bien moderada que podríamos caracterizar así: lograr un desarrollo económico compatible con un cierto grado de redistribución de los bienes. Este objetivo desarrollista es muy importante en la mente del Presidente y se concreta en dos apuestas: por un lado, el apoyo estatal al fortalecimiento de un tejido productivo nacional de empresas familiares, pequeñas y medianas que equilibren el tradicional dominio de “los que se creyeron dueños del país”, básicamente terratenientes, banqueros y grandes empresarios; por otro, el diseño e implementación de un plan de ambiciosas inversiones públicas en infraestructuras y servicios, confiando en que así se logre impulsar el desarrollo presente y futuro del Ecuador. En todo este proceso se trata además de asegurar un bienestar mínimo para las clases populares, fundamentalmente a través de subsidios económicos que, como ya queda dicho, amplían y refuerzan considerablemente la base electoral del Presidente.

Para conseguir estas metas, el gobierno necesita dinero. Y en una economía con un sector industrial y productivo crónicamente débil, esos fondos no van a llegar aumentando los impuestos. Los ingresos del Estado ecuatoriano dependen en buena parte de los que resultan de la gestión de los recursos naturales del país, fundamentalmente el petróleo y la minería. Estos ingresos se ven muy reducidos en un contexto de crisis económica mundial que afecta de manera particular a los precios del petróleo y a las remesas, las dos entradas más importantes de la economía nacional.

Desarrollismo económico

Correa no tiene paciencia con lo que considera “izquierdismo irresponsable” de planteamientos que desde un ecologismo o indigenismo radical, cuestionan esta prioridad de lo económico. En situaciones reacciona temperamentalmente con un estilo no exento de rasgos autoritarios. Por ejemplo el Presidente actuó con inusitada contundencia cuando en la zona petrolera por excelencia, la provincia de Coca, se produce un intento de romper con huelgas y paros, el flujo de la producción petrolera nacional. Inmediatamente ordena detener a la Prefecta y hace intervenir al ejército para que someta con contundencia el conato de revuelta. De manera similar y para no comprometer futuros ingresos por la explotación minera, el Presidente impuso a la mayoría de Alianza País en la Asamblea Constituyente su criterio en la cuestión del “consentimiento previo”. Como resultado la nueva Constitución no reconoce a las comunidades afectadas por las actividades mineras el derecho a paralizar una explotación viable por falta de “consentimiento previo.”

¿Un futuro sin partidos políticos?

La preeminencia de estos objetivos desarrollistas lleva a algunos sectores de izquierda a calificar a Correa como “economista tecnócrata” al frente de un “gobierno de tecnócratas”. Aunque se reconozca que su proyecto tiene un importante componente social, se le acusa de supeditar la profundización de la democracia y el desarrollo de la participación, al logro de objetivos económicos diseñados por un pequeño comité de personas que sabe lo que el país necesita.

Esta crítica, tal vez demasiado simple y sesgada, nos sirve, sin embargo, para introducir lo que a mi juicio es la debilidad mayor del experimento ecuatoriano. El presidente es fuerte pero las instituciones políticas del país siguen siendo muy débiles. Alianza País tiene un proyecto económico tal vez discutible pero claro y, sin embargo, todavía no sabemos cómo piensa avanzar en la reinstitucionalización política que Ecuador necesita. Correa ha logrado marginar del poder a los grupos minoritarios que se creían “los dueños del país”, recuperando la confianza de amplios sectores en el poder ejecutivo y en su capacidad de articular una mayoría social. Dicho de otro modo, ha sido eficaz acabando con lo que no funcionaba. Pero ¿qué es lo que va a ocupar su lugar?

Entiendo que en las circunstancias de muchos países latinoamericanos, solo un liderazgo fuerte y personal puede forzar los cambios necesarios que permitan el surgimiento de una nueva institucionalidad política, capaz de sustituir al caciquismo tradicional. Pero, ¿se puede construir futuro y avances estables únicamente sobre el carisma de un líder fuerte?

Alianza País es un “movimiento social” que no parece tener intención de convertirse en partido político. Tras el descalabro de los partidos tradicionales, lo que queda son opciones electorales formuladas en torno a personas particulares con un mayor o menor tirón electoral. Los proyectos empiezan y terminan con el destino político de esas personas. Incluso Alianza País, hoy tan dominante, es totalmente dependiente de la figura de su líder y no es fácil saber qué futuro puede tener sin él. En el futuro de Ecuador, ¿siguen siendo necesarios los partidos políticos o son una realidad del pasado?

El peligro de la concentración de poder

El problema de fondo es el peligro de un poder sin contrapesos: más allá de lo que diga la nueva constitución y del equilibrio de poderes que en ella se establece, dada la debilidad institucional existente y la extrema fragmentación de la oposición a Correa, existe un peligro real de que el Ejecutivo controle directa o indirectamente al resto de poderes establecidos en la carta magna: el poder judicial, el poder electoral, e incluso un nuevo “poder popular” supuestamente independiente y cuya función es supervisar importantes aparatos pero que corre el riesgo de ser cooptado por el Estado, convirtiéndose así en instrumento que, en vez de controlar al Ejecutivo, refuerza su dominio. Si a esta situación le añadimos una mayoría en la Asamblea Nacional (el nuevo nombre del poder legislativo que sustituye al anterior Congreso), el dominio de la Presidencia puede ser prácticamente total. En estas circunstancias se garantiza indudablemente una eficaz implementación de las políticas gubernamentales pero también se generan legítimas preocupación en algunos sectores sociales.

Mirando a mi alrededor no puedo dejar de constatar otra cosa: mis preocupaciones, tan razonables en una mentalidad política europea, dejan fríos a la mayoría de los ecuatorianos. ¿Se trata de falta de formación, de escasa capacidad de análisis político, de irracional tendencia a buscar y seguir ciegamente al “líder populista”? ¿No será más bien que, visto lo visto, la gente de este país pone el equilibrio de poderes en un segundo plano porque lo que necesita es un gobernante decente, con autoridad suficiente para poder orden en un Estado disfuncional, y con un proyecto discutible pero razonable para mantener cierto grado de cohesión social y mejorar las condiciones económicas de la mayoría?

En Ecuador está sucediendo algo, tal vez poco ortodoxo en los manuales políticos pero que ahí está: se está constituyendo una alianza entre el Ejecutivo y una mayoría social que se da por satisfecha con contar con un líder que claramente no está ahí para robar, que sabe dónde quiere ir y que actúa con cierta coherencia, y que, aunque se equivoque, entiende la función pública como servicio a la ciudadanía. En la experiencia reciente de muchos ecuatorianos, el teóricamente esencial “equilibrio de poderes” es perfectamente compatible con un Estado en bancarrota moral y paralizado, donde los gobernantes pueden saquear al pueblo sin que este pueda defenderse. Esa es la historia reciente de la que sale el país y a la que la gente no quiere volver.

Ecuador, caminando en la dirección del continente

Ecuador es un país pequeño y los cambios que está viviendo no tendrían mayor relevancia si no se produjeran en el contexto de lo que ya son tendencias definidas en la orientación del continente latinoamericano. Destacaría particularmente dos. Por un lado los grupos minoritarios que han controlado sin mayor oposición durante décadas los aparatos políticos en sus países, progresivamente están perdiendo ese control. En algunos casos, como por ejemplo Brasil, Chile y Argentina, esos grupos han aprendido a compartir el poder con nuevos sectores emergentes. En otros casos se han resistido todo lo posible hasta que se han visto desplazados por la fuerza de una marea de cambio que arrastra y desconcierta a los que se oponen a ella: Bolivia, Paraguay, Venezuela, Ecuador, El Salvador, Nicaragua… Solo Colombia y, en menor grado, Perú parecen resistir esta tendencia. Pero tampoco en esos países se ha dicho la última palabra.

En segundo lugar, más allá de la gran diversidad de propuestas políticas y económicas existentes hoy en Latinoamérica, por primera vez en su historia el continente busca y hasta logra articular una voz propia y autónoma en el mundo. El tradicional “patio trasero” de los EEUU, dinamizado por la firme voluntad de autonomía de algunos líderes con fuerte conciencia nacional y latinoamericana, y legitimado internacionalmente por el peso económico del gigante emergente que es Brasil, avanza con contradicciones pero con gran convicción hacia su mayoría de edad. Ha decidido que quiere y que puede convertirse en protagonista, en agente activo del nuevo mundo global, abandonando definitivamente el asiento trasero y poniéndose a conducir su propio destino.

En este contexto latinoamericano, la experiencia ecuatoriana resulta significativa más allá del ámbito nacional. También aquí la vitalidad temperamental de Correa, su empuje ideológico, la novedad de algunas de sus propuestas en materia de Deuda Externa y de Medio Ambiente, hasta su físico, todo contribuye a dar al Ecuador una proyección internacional desconocida hasta ahora y, en todo caso, superior a la que justificaría su peso relativo. La proyección del Presidente, novedosa experiencia para los ecuatorianos, refuerza la identificación con su líder y les ayuda a superar cierto complejo de patitos feos y hermanitos pobres, con escasa o nula proyección internacional, a la que ya se habían resignado.

Correa va con “el viento de la historia” y, a poco que se le escuche, suena como quien sopla con convicción en la dirección correcta. Muchas venas siguen todavía abiertas en Latinoamérica pero la posibilidad de sanarlas y de hacerlo desde dentro, sin esperar ayudas externas, se percibe por primera vez como un objetivo posible. Este nuevo horizonte motiva el compromiso y renueva la esperanza de millones de ciudadanas y ciudadanos en todo el continente.

Trenta anys de democràcia municipal

20 Abril 2009

El passat divendres, dia 17, l’Ajuntament de Maó va voler celebrar els trenta anys de constitució de la primera corporació democràtica després de la dictadura franquista amb un acte institucional. Es tractava de fer un petit homenatge en els qui havien estat batlles durant aquests tres anys (Ramon Homs Ginés 1979-1983, Borja Carreras Moisi 1983-1993, i Arturo Bagur Mercadal 1993-2008). A més, m’encarregaren a mi de fer una reflexió amb aquest motiu per festejar l’efemèride.

Jo vaig creure d’entrada -i així li ho vaig fer saber al nou i jove alcalde actual, Vocenç Tur Martí- que accepta l’encàrrec, però que intentaria fugir de les lloances estèrils per aprofundir una mica en el que, al meu entendre, eren els problemes principals a què la democràcia actual s’enfronta.

I així ho vaig fer. En un discurs qu vaig intitular “Trenta anys d’Ajuntaments democràtics: un camí cap a la democràcia participativa?” vaig exposar el que m’ha semblat d’interès sobre la matèria, discurs que he penjat per si algun dels meus lectors està interessat a saber què en penso de tot plegat.

Un comentari d’Oriol Domingo

15 Abril 2009

Avui, a La Vanguardia, Oriol Domingo aprofita un article de fa uns dies publicat per Pilar Rahola en el qual feia referència a un llibre del monjo de Montserrat, Cebrià M. Pifarré, amb el títol de “Literatura cristiana antiga” per escriure un paràgraf que qualsevol persona inquieta sobre el fet religiós hauria de llegir i meditar tranquil·lament i profundament.

A partir de la confessió que fa del seu agnosticisme, i de la frase següent: “No soy creyente, en el sentido en que no tengo resueltas mis dudas a través del dogma. Dios, para mi, no es la respuesta, sino el inicio del interrogante”, Oriol Domingo escriu el que, segons ell, són uns comentaris cordials. Us en transcric un paràgraf que em sembla clar, profund i digne de ser ponderat:


Lo dogmático no define al creyente pese a que algunos piensen lo contrario. El interrogante y la duda no son exclusivos del agnóstico o del ateo. El fundamentalista, sea religioso o irreligioso, tiene el dogma como una fórmula que encierra la realidad y no admite interrogantes. Hay creyentes que dudan, esperan, preguntan y buscan. Consideran el dogma como una fórmula que intenta describir una realidad, aunque dicha realidad desborda una y otra vez los propios cauces dogmáticos. El creyente en el Evangelio de Jesús de Nazaret sabe, como los autores de los primeros siglos del cristianismo, que hay muchos interrogantes abiertos en los textos evangélicos y planteados por Jesús.