“Camus, los Limosner y la Guerra Civil”

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Ahir, en el diari Menorca, vaig publicar aquest article sobre la conferència que donarà demà a l’Ateneu Manuel Ventura Limosner:

En octubre de 2007, el pedagogo, escritor, ex inspector de Enseñanza primaria y político, Manuel Ventura Limosner, se puso en contacto conmigo para decirme que era lector de mi blog (¡lo que hacía desde Córdoba!) y que, habiendo sabido que iba a publicar una novela –concretamente “Les revolucions perdudes”- en la que se hablaba de la Guerra Civil, me remitía unos textos difíciles de encontrar, extraídos de dos libros de José Martín Blázquez (“Guerre Civile Totale”, París, 1938), en los que –decía- “aparece un menorquín que es mi tío materno, Enrique Limosner Asensio, del que he reunido un dossier muy completo”. A su vez, y para añadir un toque personal a la nota, me hablaba de que, en enero de 1970, don Juan Hernández Mora le había remitido un libro con esa dedicatoria: “Petita ofrena d’un menorquí vell a un Jove menorquí nascut fora de l’illa”.

Con tales datos es evidente que no podía dejar de ponerme en contacto con el señor Ventura Limosner. En una primera carta mía le indicaba que en “Menorca segle XX. De la Monarquia a la República”, libro publicado en 1976, me refería tangencialmente a don Enrique Limosner Asensio, concejal que había sido del Ayuntamiento de Mahón, y lo hacía en una nota en la que se explica una anécdota del general Cabanellas, hombre amante de gestos espectaculares, quién, siendo Director General de la Guardia Civil, en una de sus visitas a Menorca, sentado en la terraza del Casino Mahonés y flanqueado por el alcalde don Pedro Pons Sitges y por don Enrique Limosner Asensio, mandó un telegrama al General Correa, a la Gran Peña de Madrid, en el que decía textualmente: “Desde esta isla siempre liberal, reitérole todo cuanto de palabra le dije. Sirvió Ud. Dictadura como un bellaco”.

Poco tuve que esperar para conocer la filiación del señor Ventura Limosner, puesto que, en respuesta a mi carta, me remitía copia de otras dos que, fechadas el 8 y el 22 de febrero de 1970, había recibido de don Juan Hernández Mora. En la primera, en un estilo muy propio de él, don Juan escribía lo siguiente: “Empieza usted por pedirme perdón por calificarme de amigo sin conocernos. ¡No, hijo mío, no! Yo lo conozco a usted mucho, aunque no nos hayamos visto nunca. Atienda a mis explicaciones y ya me dirá si tiene que rectificarme en algo, o no. Usted tiene que ser hijo de Dª Esther Limosner Asensio. ¿No es así? A su madre no la recuerdo personalmente, esta es la verdad, pero en cambio, a su abuela materna, Dª Margarita Asensio Sanz, la recuerdo muchísimo. Y no digamos a su tío Enrique Limosner Asensio, con el que mantuve relaciones amistosas durante largos años, hasta que se ausentó de Menorca para no volver –por lo menos, no ha vuelto por ahora- y acabó fijando su residencia en San José de Costa Rica…”, y así hasta dos páginas enteras de una filiación que llegaban a las primas segundas, para concluir finalmente que “es usted pariente mío en séptimo grado civil por afinidad”.

El 6 de marzo de 2008, el señor Ventura Limosner me remitía otra carta muy grata para mí en la que me decía que, en un viaje a Mallorca, había adquirido algunas de mis novelas, y me hablaba d’“Els Nikolaidis” muy favorablemente, puesto que, además, según me confesaba, era la primera novela que había leído íntegra en catalán. “Ha sido –escribía- la emoción de leer la primera novela en catalán. Había leído poesía, oído canciones, pero nada de ficción y ha sido una gozada.” A su vez, me mandaba fotografías de don Enrique Limosner Asensio, solo o bien acompañado de otros republicanos españoles exiliados, como Martínez Barrios o el General Miaja. También me mandaba copias de cartas, de escritos y de actas de documentos de la Comandancia Militar de Mahón, fechadas en diciembre de 1936, cuando ésta estaba ya bajo control del coronel Brandaris de la Cuesta.

Manuel Ventura Limosner nació en Melilla, puesto que sus padres se trasladaron a aquella ciudad en 1930, y era el pequeño de cuatro hermanos, los tres mayores nacidos en Mahón. De ahí que, aunque su lengua fue ya la castellana, no le extrañaba nada escuchar a su madre frases como “Agafa es petit, que he de sortir”, lo que, según me ha escrito, le hacía llorar, puesto que, parafraseando al poeta Aribau, Manuel Ventura confiesa que “en llemosí sonà lo meu primer vagit, quan del mugró matern la dolía llet bevia”.

Sabemos, pues, su relación con nuestra isla, cuya evolución política siempre le preocupó, como muestran las relaciones que, a lo largo de los años, mantuvo con mi amigo, el ya desaparecido historiador Andreu Murillo y Tudurí.

Pero volviendo a la carta del 6 de marzo de 2008, he de señalar que me interesó sobremanera leer en la misma que se había propuesto escribir un relato breve que podría titularse algo así como “Viaje a Menorca”, en el que uniría verdad y fantasía, y en el que no sólo hablara de sus experiencias vividas, sino también de una de sus grandes pasiones intelectuales, la literatura de Albert Camus quien, como él mismo, tenía ascendencia menorquina.

Ante tal confesión, el 15 de marzo les escribí para agradecerle sus palabras sobre mi obra y le dije que, a mi juicio, debería recoger parte de esos recuerdos para elaborar el texto de una conferencia que podría dar en el Ateneo de Mahón, lo que aceptó al instante. También el Ateneo, que a vuelta de correo invitó al señor Ventura a ocupar la tribuna de la ya centenaria entidad.

Como no era de extrañar, el señor Ventura debía de escoger un título para su conferencia, y ha elegido el de “Camus, los Limosner y la Guerra Civil”, que probablemente concentra en el enunciado tres importantes hitos de su vida: La guerra, que estalló cuando él tenía tan sólo tres años de edad; los Limosner, que encarnan su ligazón familiar con Menorca; y Albert Camus, quien, como ya he dicho, ha sido una de sus pasiones intelectuales, pues él mismo me escribía que “desde muy jovencito leí a Camus a través de las ediciones de Losada, que traían aire fresco a aquella habitación cerrada y oscura donde vivíamos. ‘El extranjero’ o ‘La peste’ podrían estar ambientadas en Melilla: la misma luz africana, el mismo mar, la playa donde los niños éramos príncipes desde marzo a octubre. Las mismas tormentas, la lluvia nunca caía perpendicular sino que barría las calles haciendo de los paraguas unos utensilios inútiles… la misma población nativa, bereber o rifeña. Tan cerca y tan lejana al mismo tiempo… Siempre lo prefería a Sartre al que se le notaba en demasía que era profesor de filosofía…”

No hay duda, pues, que, con ese bagaje, la conferencia del señor Ventura Limosner sobre “Camus, los Limosner y la Guerra Civil”, promete ser muy interesante.

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