Abián i Juliana a La Vanguardia

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Els lectors de La Vanguardia podíem llegir, en l’edició de diumenge, dos comentaris  de gran interès sobre la realitat política actual. El primer del sots-director, Alfredo Abián, i el segon del columnista Enric Juliana. Tots dos fan referència al PSOE. El primer, alertant contra una creuada “laïcista” que pot amagar dèficits ideològics de major calat; el segon, indicant que, en l’actitud bel·ligerant de Montilla i la conservadora de De la Vega hi ha alguna cosa més que una simple diferència de criteri. Us convido a llegir els seus paràgrafs més destacats.

Diu Abian:

EL difunto Norberto Bobbio rehusó firmar hace diez años un manifiesto laico porque consideraba que su lenguaje era belicoso, insolente y propio del viejo anticlericalismo. El filósofo italiano, uno de los referentes intelectuales de la izquierda civilizada europea, no estaba para trotes iconoclastas seis años antes de morir, tras haber padecido la inmensa complejidad del siglo XX. Aproximarse al laberinto del pasado resulta cada vez más imprescindible en países como el nuestro, donde la reinventada corrección política y su buenismo aparente orillan la crisis económica – perdón, queríamos decir desaceleración-, mientras se malgastan energías aventando el espantajo del laicismo. A cualquiera que cruce los Pirineos y se le ocurra decir que la religión cristiana debe ser confinada en el ámbito privado, probablemente lo miren con gesto de asombro. Los mesías del laicismo mal entendido, incluidos los progubernamentales, deberían tener un poco más de memoria. Lejos de buscar una laicidad positiva, algunos deliran en la intimidad con la adaptación suavizada de desastrosas recetas del pasado. Hasta don Manuel Azaña perdió el oremus al proclamar que España había dejado de ser católica. Y todo porque la Constitución de diciembre de 1931 expulsaba de la II República a los creyentes, un presagio de mayores desastres. Venir a estas alturas con recetas hostiles contra la relevancia política y cultural de las religiones es algo que debería hacernos palidecer hasta a los agnósticos, con perdón. Salvo que algún progresista de nuevo cuño y escaso intelecto pretenda que volvamos a delirar y corear aquello de “Si los curas y frailes supieran / la paliza que les vamos a dar / subirían al coro cantado / libertad, libertad, libertad”. No lo haremos y absténgase de celebrarlo la teocracia clerical.

Diu Juliana:

Visto desde Madrid, el choque entre el PSOE (esfera mayor) y el PSC (esfera menor) parece inexorable. El PSOE es prisionero de los intereses y sentimientos meridionales, ya que, con la única excepción de Catalunya y el País Vasco, tiende al retroceso en las grandes áreas urbanas. El PSOE es hoy el partido de la España tranquila, dotado de una hábil política de alianzas. Y el PSC es prisionero del experimento tripartito. Atrapado por una coyuntura muy adversa, José Montilla comienza a estar en un tris de pronunciar la fatídica frase de Lluís Companys el Sis d´Octubre de 1934: “Ara ja no direu que no sóc prou catalanista”. Montilla puede acabar yendo más lejos que Pasqual Maragall en el desafío a José Luis Rodríguez Zapatero.

El presidente de la Generalitat y sus colaboradores repiten estos días, en público y en privado, que si el asunto de la financiación no se resuelve bien, el fermento de la Liga Norte germinará con fuerza en Catalunya, con el más que probable estallido de Esquerra Republicana, que hace unos años ya mostró gran interés por el éxito de Umberto Bossi. Significativa advertencia. Tras haber sido proscrito por el PSC y después de un reparador descanso de dos meses, el català emprenyat regresa de la mano de la primera autoridad.

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