La politització extrema dels diaris

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En el diàleg que va seguir a la conferència del periodista i professor jubilat (exdirector del diari Menorca entre 1955 i 1966) Roberto Coll-Vinent, va sortir a col·lació un tema que a mi em preocupa i que malauradament penso que no té tornada enrere: la gran politització dels diaris (sobretot -i per damunt de tot- dels de Madrid) que retornen el periodisme del segle XXI al periodisme de partit del segle XIX.

No cal que us digui que els capitostos d’aquesta tendència són El País, per un costat, i La Razón i El Mundo per l’altra. Fins i tot penso que aquests tres són un exemple del que dic encara més gran que l’ABC.

Això es pot veure avui amb el tractament que fan del “cas Sebastián” (amb qui jo vaig ser tan dur ahir) un diari com El País (del tot polititzat al servei del PSOE) i La Vanguardia (un diari penso que força més equànime).

El País només veu en la intervenció del candidat socialista un interès per destapar la corrupció marbellí, en la qual Ruíz Gallardón pot estar involucrat a través de l’advocadessa Montserrat Corulla.

La Vanguardia, a través d’un article, “Apoptosis Sebastián”, d’Enric Juliana (una de les plomes més brillants, al meu entendre, del periodisme espanyol avui) destaca una altra intenció, molt més en la línia que jo apuntava ahir. I, com ell, penso que són molts els diaris que ho veuen d’aquesta manera. Us remeto a aquest article perquè val la pena que el llegiu.

LA CRÓNICA

Apoptosis Sebastián

La jugarreta contra Gallardón pone el estilo Zapatero a prueba: ¿talante amargo?

ENRIC JULIANA – Zaragoza – El titular es gentileza de don Guillermo Fatás, director del Heraldo de Aragón, uno de los mejores diarios regionales españoles. Además de periodista, el señor Fatás es catedrático de Historia Antigua y archivo viviente. Un pozo de ciencia. Ayer por la mañana, visitando el magnífico claustro renacentista – el Patio de la Infanta- que Ibercaja conserva en su sede central de Zaragoza, al salir a colación la jugarreta de Miguel Sebastián a Alberto Ruiz-Gallardón, el periodista Fatás se transmutó en el profesor Tornasol, el sabio de Tintín. Y exclamó: ¡Apoptosis!

La apoptosis es la muerte programada de una célula. Cuando el mecanismo suicida no funciona y la célula empieza a ambicionar la vida eterna, el cáncer pasa a ser algo más que un riesgo estadístico. Miguel Sebastián, ex director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno y candidato socialista a la alcaldía de Madrid, también tenía grandes ambiciones antes de poner en marcha, el miércoles por la noche, la posible autoliquidación de su prometedora carrera política.

Los diarios están de acuerdo. La prensa logró coincidir ayer en una cosa, en una sola cosa, circunstancia que no se daba desde el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea. Los principales medios de comunicación han emitido una severa crítica a Sebastián por haber traspasado la única línea que es roja y católica a la vez: la línea que separa sexo y política. Como buen país latino, España sólo es verdaderamente liberal de cintura para abajo. He ahí una de las virtudes del sacramento de la confesión: la vida va, con sus pasiones, rarezas y avatares, que la Iglesia – o la propia conciencia, en estos tiempos laicos- se encarga de suavizar y absolver. Todo lo contrario de lo que ocurre en el ámbito anglosajón, donde imperan Lutero, Calvino y su doctrina de la justificación; donde la gracia divina no es canjeable; donde sólo cabe la fe. El protestante vive en danza perpetua con el pecado, ya que no se admiten bonificaciones. Dios dirá. De esta severidad surgió la escisión puritana, que todavía hoy fulmina al político pillado in fraganti. Quien engaña a su mujer puede engañar a la Nación.

De haber fracasado la Contrarreforma – o sea, el concilio de Trento y el fenomenal empuje de la Compañía de Jesús-, Alberto Ruiz-Gallardón estaría hoy en un serio aprieto político, ya que en el tormentoso debate de TVE1 únicamente rechazó haber mantenido relaciones de carácter “profesional” con la abogada Montserrat Corulla, imputada en el denominado caso Malaya. El alcalde debe de estar pasando un mal trago personal, pero Madrid, en fiebres castizas de San Isidro, no parece que le vaya a penalizar en exceso. El pueblo ama los sabores picantes, porque hablan de la vida misma. Ha sido un candidato socialista el primer político español de cierto rango en utilizar la vida privada del adversario como arma de combate. Sebastián, oficial del zapaterismo, del talante y de la legalización de los matrimonios homosexuales, ha sido el primero en cruzar la línea roja y católica. El día 27 se verá con qué resultados. El fuero interno socialista está que bulle – especialmente en la Federación Socialista Madrileña (FSM), donde ya se oye el silbante pedernal afilando los cuchillos, la gran especialidad de la casa-, pero la Moncloa ha decidido arropar a Sebastián. Una sola palabra de censura desde lo alto bastaría para empujarle al vacío. Y su humillación el día 27 sería una derrota personal de José Luis Rodríguez Zapatero, que fue quien le nombró candidato. Sebastián es su apuesta. Ello explica los capotes que ayer le echó la vicepresidenta De la Vega tras el Consejo de Ministros. El PP, con Mariano Rajoy al frente, ha hecho piña con el alcalde ofendido, aunque se observan miradas de recelo en el flanco goyesco de Esperanza Aguirre, no vaya a ser que Gallardón acabe saliendo a hombros de la plaza de Las Ventas.

Dos son las líneas de defensa socialista. La primera insiste en señalar que Sebastián sólo pidió explicaciones sobre presuntos tratos de favor en materia urbanística, táctica que no explica la vehemencia, propia de un mormón norteamericano, con la que exhibió el retrato de la mujer ante las cámaras. La segunda señala que Sebastián está siendo duramente acosado por el Partido Popular tras la reciente implosión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Efectivamente, el martillo neumático de la derecha está en marcha e intenta machacar al ex jefe de la Oficina Económica monclovita. Se quiere presentar a Sebastián como el capitán de una nueva y ávida beautiful people socialista, que estaría conspirando para echar a los grandes patrones de las empresas privatizadas. A los boyardos que, a dedo, designó José María Aznar.

He ahí el fondo de la cuestión: el surco aznariano (ETA como eje obsesivo de todo el cuadro político, más la fortificación oligárquica del Gran Madrid). Los socialistas quisieran modificarlo, pero, por el momento, carecen de la fuerza titánica que ello requiere. Es una empresa que se va a cobrar bastantes vidas políticas. La de Pasqual Maragall fue una de las primeras. Y ahora parece llegado el turno de Sebastián, el apóstata (del talante).

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