A Espanya ens cal un Bayrou

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No es que pensi que finalment Bayrou guanyarà la presidència francesa. És francament difícil, però la seva candidatura ha posat de manifest que hi ha un gran sector de la societat francesa que no es troba a gust amb la polarització actual.

Ho he escrit aquí més d’un cop i l’altre dia ho parlava, a través del Skype, amb el meu fill que viu a Toulouse. A Espanya, em deia, li fa falta un Bayrou, com també li fa falta a França en els moments actuals. Entre altres coses perquè ell pensa que, si França ha de decidir finalment entre Sarkozy y Royal, acabarà votant a favor de Sarkozy.

Curiosament, això mateix opina Francesc-Marc Álvaro en un interessant article que publicava ahir La Vanguadia. Ell m’evita d’haver d’escriure jo el que penso respecte d’aquest punt. Us el transcric perquè val la pena que el llegiu i el mediteu una mica:

Un Bayrou para la Moncloa

FRANCESC-MARC ÁLVARO – Estamos abocados al choque de trenes. Si algo no lo remedia, la campaña de las elecciones generales del año próximo se convertirá en la apoteosis de la nueva versión, posmoderna y aseada, de las dos Españas a cara de perro y garrote en mano. Por un lado, unPP convertido en una derecha extrema y reaccionaria. Por otro, un PSOE transformado en un guirigay progre, hueco y gesticulante. Cuanto más duros y vociferantes se ponen los populares, más desdibujados y frívolos se proyectan los socialistas. El ciudadano que no se conforma con asumir un escenario plano donde fachas y progres han ocupado todo el espacio lo tiene complicado para ir a votar. Fuera de Catalunya, País Vasco, Galicia y Canarias, el elector vive en un bipartidismo de hecho y, ante la disyuntiva de decidir quién deberá ser el inquilino de la Moncloa, todo se reduce a escoger entre un Rajoy uniformado de salvador ofendido de la patria y un Zapatero disfrazado de voluntarioso campeón del buen rollito y la vaguedad.

Descorazonador.

El centro político se ha ido al garete en España. Sólo existe, de manera excepcional, en Catalunya y el País Vasco, gracias a formaciones como CiU y PNV, movidas por una perenne voluntad de pacto y acreditadas largamente en la gobernabilidad y el tono moderado. Más allá, el abismo. El sociólogo y estratega socialista José Félix Tezanos lo explicó muy bien en una entrevista que La Vanguardia publicó el 10 de diciembre del año pasado. Para el director de la Fundación Sistema, “la gran paradoja hoy en España es que el gran espacio de centro no lo acaba de ocupar nadie”. “Lo ocupan algunos partidos nacionalistas, pero no en el conjunto de España”, dice. El reconocido teórico, cercano a Alfonso Guerra, sostiene que el centro “es un espacio totalmente desierto, lo cual puede dar lugar a un aumento de la abstención”. “Estamos – añade Tezanos- en una situación muy dinámica que puede afectar a todos los partidos. Las fugas de votos son cada vez más posibles. La conclusión que deberían sacar los partidos es que ya no existen cheques en blanco: el elector es cada vez más crítico”. Las elecciones municipales, con los escándalos de corrupción como telón de fondo, pueden dar alguna pista acerca de todo esto, pero la naturaleza de esta consulta obliga a contener las interpretaciones generalizadas; al fin y al cabo, en los pueblos y ciudades el perfil de los candidatos pesa mucho más que las marcas políticas. No será hasta los comicios legislativos del 2008 cuando podremos comprobar, sin pantallas correctoras, los efectos en las urnas del actual clima incendiario que preside la dialéctica entre el Gobierno socialista y el PP. De momento, miremos hacia Francia, donde está ocurriendo algo nuevo en la carrera de las elecciones presidenciales.

Nuestros vecinos franceses, que hasta hace cuatro días parecían estar condenados a decidir entre la socialista Ségolène Royal y el conservador Nicolas Sarkozy, han visto crecer en los sondeos las expectativas del líder y candidato de la UDF, el centrista François Bayrou. La tercera vía de Bayrou, más concreta que las filigranas retóricas de Royal y más conciliadora que la contundencia efectista de Sarkozy, puede atraer a quienes piensan que ahora conviene huir de los extremos para ensayar una salida practicable de reformas posibles. Un nuevo enfoque que saque del fango las ruedas de la República sin grandes sobresaltos.

No sabemos si la oferta Bayrou será un globo que va a deshincharse o, por el contrario, adquirirá la solidez de una auténtica alternativa. Estemos atentos. Pase lo que pase, lo mejor del caso, y lo que puede ser ilustrativo para la política española, es la existencia de una tercera figura en liza que, hoy por hoy, toma cuerpo y amenaza con romper el duelo entre los presuntamente renovadores candidatos del PS y de la UMP.

Salvando todas las distancias entre las presidenciales francesas y las legislativas españolas, es pertinente preguntarse – en medio del ruido que proviene de Madrid- si sería posible que surgiera ahora una nueva oferta electoral que se ofreciera para superar la partida a todo o nada que juegan PP y PSOE. Bastantes votantes podrían suscribir hoy un aviso que rezara: “Se necesita con urgencia un Bayrou para la Moncloa”. Quizá serían los mismos electores que no se resignan a vivir bajo el signo de las dos Españas, caricatura cansina que convierte el circo político en un chaparrón constante de graves descalificaciones, demagogias altisonantes, amenazas apocalípticas y reducción del adversario a algo peor que un enemigo. Acaso con más motivos que en Francia, la creación en España de un proyecto que restaure el centro político deviene hoy un deber cívico. En 1986, Miquel Roca y sus aliados, a bordo del Partido Reformista Democrático, intentaron dar con un país que no se resignara al blanco o negro. No tuvieron éxito en aquel empeño, quizás no era el momento. Ahora podría serlo. Tal vez.

¿Retomar la deseable Tercera España o animar el retorno al sentido común y a la capacidad de pacto? Un poco de todo. Los amplios sectores moderados de la sociedad española, los que votaron durante años a González y los que, en el 2000, apoyaron a Aznar, no pueden estar satisfechos con el actual paisaje. Poco a poco, la credibilidad de las instituciones se va degradando y sólo los muy convencidos de cada bando, los que portan las pancartas de turno, se sienten seguros. Los demás necesitamos un Bayrou para el 2008

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