El futur incert de Rodríguez Zapatero

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Escric aquest comentari el dissabte tarda (ahir per al lector) abans de saber què ha passat exactament a Madrid, encara que ho puc imaginar només mirant la fotografia que du el diari Menorca de la manifestació que va protagonitzar ahir el PP de la nostra illa davant l’Ajuntament de Maó. És probable que, com s’expressa la dita castellana, “allí eran todos los que estaban”, encara que probablement “no estaban todos los que eran”, la qual cosa demostra que els càrrecs públics del PP, amb una disciplina fèrria, segueixen les directrius del seu partit que, també com el de Rodríguez Zapatero, s’ho juga tot a l’avalot d’aquesta darrera carta.

He decidit que explicaré tot el que penso sobre el que a Espanya estem vivint a la propera “lletra de batalla” de dijous vinent, tot i que, abans de tancar l’article, vull seguir la sessió del Congrés en què compareixerà Pérez Rubalcaba.

Avui em limitaré a transcriure el següent article d’Enric Juliana –interessant article-, aparegut a La Vanguardia de dissabte, 10/03/07:

Zapatero se juega en las próximas semanas el colapso de la legislatura

Los dos trenes fantasma de la democracia española – ETA y el 11-M- se cruzan esta medianoche en Madrid. Los expresos se acercan y el guardagujas de la Moncloa se halla en serios apuros.

El presidente del Consejo está afrontando el momento más difícil de su febril mandato. La oposición le aprieta sin piedad, con ferocidad, incluso, traspasando algunos límites no escritos – el Partido Popular también ha convocado concentraciones antigubernamentales ante embajadas españolas en el extranjero, algo que no ocurría desde los tiempos de Franco-, pero sus problemas van mucho más allá de la monumental manifestación de repudio que tendrá lugar esta tarde en las calles de la capital de España.

Las manifestaciones no tumban a los gobiernos, como pudo comprobarse durante el vendaval por la guerra de Iraq, pero les pueden complicar extraordinariamente la vida (y la agenda), como sí ocurrió con las fiebres pacifistas de la primavera del 2003. En tanto que expresión de fuertes malestares, las grandes manifestaciones acotan el terreno de juego. Y fortalecen los cercos.

Éste es hoy el principal problema de Rodríguez Zapatero: el riesgo de que en las próximas semanas la legislatura entre en una fase de colapso por falta de oxígeno. Inmediatamente después del bombazo de ETA en Barajas, los estrategas de la Moncloa teorizaron la necesidad, urgente, de centrar la agenda, la maldita agenda, en asuntos distintos y distantes del País Vasco. No ha podido ser. El programa legislativo del Gobierno está prácticamente agotado, la economía va bien y sopla poco aire en la política exterior.

La agenda está atornillada al País Vasco. De manera que el oxígeno que necesita Zapatero sólo puede venir del Cantábrico. Es fácil adivinar cómo. Una declaración de Batasuna renunciando a la violencia parece imprescindible para que los abertzales puedan concurrir a las elecciones municipales. He ahí la piedra angular del enrevesado momento político. Ello ayuda a explicar la tremenda ofensiva del PP: cuanto más cale la idea de que el Gobierno ha cedido al chantaje del terrorista De Juana, más difícil será calibrar como positivo un eventual gesto de Batasuna; si se produce.

Si no se produce, las elecciones municipales y autonómicas de mayo pueden quedar atrapadas por el efecto De Juana, con el consiguiente colapso de la legislatura. Al Gobierno no le quedaría otra opción que cruzar los dedos, rezar para que sus candidatos no se conviertan en el chivo expiatorio del malestar por la crispación política, y comenzar a pensar en un adelanto de las legislativas a otoño, tesis que cada vez más dirigentes socialistas consideran – en privado- casi inevitable.

¿Y un adelanto súbito, fulgurante, en plan catenaccio,para unir, el 27 de mayo, legislativas, municipales y autonómicas? Casi nadie plantea hoy esta hipótesis, que tendría un sesgo plebiscitario, pero hay margen legal hasta el día 2 de abril.

Diríase, por tanto, que Zapatero está en manos de la modulación que adopte Batasuna. Pero hay otros factores decisivos. Uno de ellos, importantísimo: la recepción social a la estrategia del PP. He ahí la gran prueba a la que esta tarde se enfrenta Rajoy en las calles de Madrid. Yel martes en el Congreso, durante la comparecencia del ministro del Interior, Pérez Rubalcaba.

En el Gobierno y en el PSOE, donde la preocupación es muy alta, existe la convicción de que la agresividad pasará factura a los conservadores. Por ello, Zapatero busca con ahínco el contraste de estilos. Ayer en Bruselas se mostró exquisitamente paciente ante la manifestación de esta tarde. Y algo enigmático: “Después de las manifestaciones, ya vendrán las elecciones”.

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