Parlar amb ETA

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Dilluns passat, el diari La Vanguardia una un article del professor González Faus intitulat “Hablar con ETA” que no hauria de passar desapercebut. En aquest passa revista tant a les posicions intransigents del PP com a les igualment intransigents de Batasuna. N’he recollit una sèrie de paràgrafs, els que m’han semblat més interessants sobre el fons de la qüestió:

Los hechos son tozudos y acaban por poner sobre la mesa sugerencias extrañas: todo apunta a que ni PP ni HB quieren de veras la paz en Euskadi. Sólo querrían una paz cuyos autores y protagonistas fuesen ellos. Cualquier otra paz ya no les interesa.

Por lo que se refiere al PP, Javier Arenas lo formuló nítidamente cuando era portavoz: “Nosotros queremos acabar con ETA, lo que ellos quieren es que ETA se acabe”. Pero acabar con el terrorismo sin que éste también se acabe por decisión propia sólo lleva a una solución interina: pasarán los años y el mal, como un cáncer sólo extirpado, reaparecerá en metástasis imprevistas. La frase de Arenas parecía decir: nosotros queremos la victoria; ellos sólo quieren la paz. Esta mentalidad da razón suficiente de lo que hemos presenciado, espantados, desde que ETA declaró la mayor de sus treguas.

Por lo que se refiere a HB, para decirles que, si quieren de veras la paz, renuncien a poner piedras en el zapato del proceso, con apariciones y declaraciones que bordean los límites de la legalidad y dan armas al PP. Que si quieren la parte de protagonismo que les corresponde como ciudadanos, tengan agallas y valentía para ser los primeros de la llamada izquierda abertzale que condenan públicamente la violencia.

Por ese afán de anteponer el propio protagonismo a la paz, ambos (PP y HB) se crean una realidad virtual en la que viven y desde la que hablan y definen. Los unos dicen que “ETA ha dado una gran prueba de generosidad al declarar la tregua” (así Joseba Permach). Pero no matar no refleja generosidad, sino sólo el mínimo nivel de humanidad. Y todo obliga a pensar que si ETA declaró la tregua no fue por generosidad, sino porque se veía sin otra salida, gracias (todo hay que decirlo) a la magnífica labor policial del PP en sus años de gobierno.

Los otros, en cambio, proclaman que hablar es ceder al chantaje (olvidando que ellos hicieron lo mismo cuando gobernaban); que “no en nuestro nombre” (¿quieren decir: ya que nosotros tenemos víctimas que llorar, no queremos evitar que las tengan otros?); que “es una vergüenza que ETA consiga ahora (que no están ellos) lo que no consiguió en 38 años de matar”: cuando también ETA puede aprender que sólo dejando de matar cabe conseguir algo; que se está tratando de “entregar Navarra” y “pagar un precio político”: como si además de precios políticos, no existiera una serie de precios “humanos” (como acercar los presos, como hizo el PP cuando la tregua anterior) o psicológicos o lingüísticos, que se pueden tantear a ver si resultan razonables y facilitan las cosas. Identifican hablar con colaborar, y así ni Rajoy podrá hablar con Zapatero: pues éste se ha convertido en terrorista sólo por hablar con ETA; y si Rajoy hablase con él incurriría en “colaboración con banda armada”. Kafkiano.

Una frase feliz de la liturgia católica reza que “Dios es todopoderoso sobre todo cuando perdona”. Esta concepción del poder, tan distinta a la habitual entre nosotros, permite atisbar que algunos partidos y colectivos son en realidad débiles, por mucho que vayan de fuertes por la vida. “La intolerancia es la angustia de no tener razón”, decía el Nobel Sajarov, que sabía algo de esto.


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