Aquesta notícia apareguda a La Vanguardia del 14 d’agost signada per Anxo Lugilde:
Un hombre de 38 años compró una lata de gasolina en una estación de servicio de la periferia de Ourense el viernes por la noche y se fue al monte. Un grupo de vecinos lo siguió y avisó a la policía local, que encontró en su vehículo un garrafón de disolvente y trece mecheros. Para completar el cuadro surrealista, el hombre, vecino de Vigo, trabaja en las brigadas forestales. Su detención, la segunda de un miembro de los servicios de extinción, es “paradigmática”, en opinión del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, pues refleja el carácter profesional de quienes prenden fuego con “muy mala intención”. Ya hay 27 de detenidos, de los que seis han ingresado en prisión, según el fiscal general del Estado.
El que sembla evident és que, un cop tot aquest moviment delictiu acabi, la policia tindrà una feina immensa d’investigació. A Galícia no son malalts els qui calen foc al bosc, són delinqüents, com deia ja l’altre dia. D’ací que la justícia haurà d’investigar (i haurà d’investigar-ho a fons) les vertaderes causes de tots aquests comportaments. I després haurà d’actuar en conseqüència.