La utopia d’Europa

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El País du avui un magnífic article te Timothy Garton Ash presidit per una afirmació que li serveix de títol: 1989 fue el momento dorado de Europa. En vull destacar els darrers paràgrafs:

He sugerido en otra ocasión, en un ensayo publicado en The New York Review of Books y reeditado hace poco en The Guardian, que 1989 fue el mejor año de la historia europea. Es una afirmación audaz, e invito a los lectores a que sugieran un año mejor. Pero 20 años después, y en mis momentos más sombríos, 1989 me parece a veces la última floración tardía de una rosa muy vieja. No hay duda de que hemos hecho cosas buenas desde entonces. Hemos ampliado la UE. Tenemos (por lo menos, algunos de nosotros) una moneda europea única. Contamos con la mayor economía del mundo. Sobre el papel, Europa tiene buen aspecto. Pero la realidad política es muy diferente.

Ésta no es la Europa generosa con la que soñaban en 1989 visionarios como Václav Havel. Es la Europa del otro Václav, Václav Klaus, que firma el Tratado de Lisboa rechinando los dientes después de extraer unas cuantas concesiones pequeñas y provincianas. Es la Europa de David Cameron, que, en la estrechez nacional y defensiva de su concepción de Europa, representa bastante bien al europeo contemporáneo (¡Ojalá estuviera vivo Churchill!: Europa tiene necesidad de él). Y, hundidos en el narcisismo de las pequeñas diferencias, semidormidos ante el mundo de gigantes que surge a su alrededor, los políticos corrientes en Francia, Alemania y Polonia no son mucho mejores.

Veinte años después, la pregunta que debemos hacernos los europeos es ésta: ¿Podemos recuperar algo de la audacia estratégica y la imaginación histórica de 1989? ¿O vamos a dejar que sean otros quienes den forma al mundo, mientras nosotros nos acurrucamos como hobbits en nuestras guaridas nacionales y pretendemos que no hay gigantes dando pisotones sobre nuestras cabezas?

Malauradament, la resposta és negativa. Cada dia que passa sóc més pessimista respecte d’un futur d’Europa que només es podria construir plenament si els nacionalismes deixessin de tenir força. Però avui, ser nacionalista és el que ens importa a tots realment: nacionalistes espanyols, francesos, catalans, bascs, menorquins, mallorquins, etc. El “nosaltres per damunt de tot!”. I per a mostra la magna enquesta que ha posat en marxa Sarkozy, sobre quina és l’essència de França, o el que és el mateix, sobre la “identitat nacional” francesa. “Pour vous, qu’est-ce qu’être français?”, es demana a través del ministre Eric Besson, el qual insisteix als ciutadans del país que repensin la seva identitat: “Faire connaitre et partager l’identité nationale” n’és un dels objectius de la campanya, i “Valoriser l’identité nationale” n’és un altre.

Que en som, de lluny, de la utopia d’Europa!

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