Davant el fracàs d’una política irresponsable

by

Carlos Nadal escriu a La Vanguardia d’ahir un magnífic article sobre l’Iraq i malda per descobrir què passarà després que l’informe Baker s’ha fet públic. Us convido a llegir-ne el bocí següent:

“Un trago amargo ha sido el informe del llamado Grupo de Estudio sobre Iraq, bipartidista, formado por diez personalidades de talla y con James Baker, un hombre de Bush padre, como copresidente. En el documento, resultado de un estudio a fondo realizado durante meses, no hay evasivas. Bush lo ha calificado de duro. Y lo es por su mismo punto de partida, que consiste en decir abiertamente que la situación está en grave estado de deterioración. Y que “no hay una solución milagrosa”. Para proseguir en 79 puntos que van en varias direcciones básicas: a) retirada militar progresiva de aquí a principios del 2008; b) emprender una amplia acción diplomática en la que deberían entrar Irán y Siria; c) es condición imprescindible resolver en términos justos el conflicto israelí-palestino; d) el ejército iraquí ha de asumir la tarea de pacificación; e) la plena responsabilidad de reconciliación y pacificación debe recaer en el gobierno iraquí, bajo la advertencia de que EE. UU. retirará todas las ayudas si no lo consigue.

Basta echar una rápida ojeada al texto para comprender que la combativa Nancy Pelosi, presidenta electa de la Cámara de Representantes, haya sacado la conclusión de que el informe es la comprobación del fracaso de la política de Bush, obligado a proceder a sustanciales cambios. ¿Pero cuáles?

En todos y cada uno de sus puntos el documento quema. Lleva en sí, naturalmente sin decirlo ni siquiera indirectamente, una conclusión sin paliativos: no es Bush la persona indicada para darle totalmente la vuelta a la política que él ha patrocinado, avalado, defendido. Su política. La que le ha valido momentos de aparatosa aprobación popular y el posterior descenso vertiginoso en los índices de favor de la opinión.

En Iraq, el presidente Bush se lo ha jugado todo. Lo hecho allí no es de las cosas que en política son corregibles sin sufrir duramente las consecuencias. Habló el país en las urnas el 7 de noviembre. Tal vez el nuevo Congreso esté en condiciones de darle un giro de 180 grados a la política emprendida hasta ahora. El presidente, no. Lo ocurrido en Iraq exige la reconducción prácticamente total de las decisiones fundamentales. ¿Es posible hacerlo con un presidente que ha gastado todo su capital político en una empresa desastrosa para cuya realización mintió descaradamente al país, uno de los delitos más graves en la vida institucional norteamericana?

Si las responsabilidades del presidente no se ventilan legalmente será porque está por medio el crédito de Estados Unidos. Porque pocos serían quienes pudieran tirar la primera piedra. No se trataría sólo del juicio al presidente.

Están ahí, imborrables, los años de entusiasta adhesión de la mayoría del país; la docilidad del Congreso; el consentimiento de muchos medios de comunicación.

Aun Estado le es dado corregir el rumbo de su política exterior. No así a los promotores y ejecutores de la conducta que lleva a un callejón sin salida. Sobre todo si la política dañina para la nación no es un puro error táctico, sino el resultado de una ideología. Terreno este en el cual Estados Unidos se encuentra ante una encrucijada.”

Anuncis

%d bloggers like this: