Error de Rodríguez Zapatero

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Tot i que la meva lletra de batalla es publica els dijous en el diari Menorca i també en el meu bloc, el text de l’apareguda ahir fou redactat dilluns vespre i enviat al diari el dimarts. Desconeixia, doncs, en escriure’l el contingut de l’editorial de La Vanguardia publicat el pasat dimecres, 26 de juliol. Penso que és mesurat i que reflecteix molt del que jo penso sobre la crisi de l’Orient Mitjà, una crisi que el govern de Rodríguez Zapatero no crec que tracti de la millor manera possible. Us deixo, doncs, amb aquest editorial perquè em sembla que val la pena llegir-lo.

La política española en la crisis de Líbano no está bien enfocada. Una de las divisas de nuestro diario es el sentido de la mesura; un equilibrio, no siempre fácil, entre ideas de fondo y pragmatismo. Por ello, La Vanguardia muy raras veces ha sido antigubernamental, sistemáticamente antigubernamental. En esta ocasión, sin embargo, debemos decir que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero yerra. Se equivoca al colocar la política exterior de un país que podría formar parte, hoy mismo, del G-8, a remolque de una retórica antiisraelí discutible y escasamente inteligente, aunque posiblemente efectista a corto plazo.

Primero fue la foto del presidente del Gobierno con la kefia palestina, símbolo de un parti pris innecesario. Cuando ese gesto mal calibrado parecía haber entrado en el taller de reparación, el número dos del PSOE, José Blanco, atribuía el lunes a Israel la expresa voluntad de asesinar civiles en Líbano. Todo ello ha provocado una enérgica reacción diplomática y la llegada de mensajes, más o menos velados, desde Tel Aviv advirtiendo que España puede quedar diplomáticamente aislada en Oriente Medio. La prensa europea se ha hecho eco de ambos gestos y una idea ha quedado fijada: a la frialdad con Washington y al hielo con el Vaticano, el Gobierno Zapatero suma ahora el choque frontal con Israel.

No se trata de pedir neutralidad al Gobierno. La política israelí está siendo objeto de numerosas críticas en Occidentes, no todas procedentes de la izquierda. Tampoco se trata, como ocurrió con el gabinete Aznar a propósito de Iraq, de prescindir olímpicamente de la opinión pública con el supuesto fin de obtener butacas de primera fila en el foro mundial. Se puede criticar la política del Estado de Israel sin ser tildado por ello de antisemita, craso error del Partido Popular, siempre una o dos estaciones por delante de la mesura necesaria, también, en la oposición. Se debe escuchar a la opinión pública, pero la política exterior no es una asamblea universitaria al albur de los humores inmediatos. En tanto que potencia media europea, España debe saber conjugar sus principios con la habilidad y la prudencia. La Italia de Romano Prodi está dando inteligentes muestras de ello. España ha de decir lo que piensa, sí; pero debe saber muy bien cómo, cuándo y dónde. Sin inteligencia política, los ideales pueden acabar en retórica banal o convertidos en carnaza para la insaciable trituradora del debate interno: ese insufrible bla, bla, bla de todos los días. El Gobierno debe rectificar.


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